Andamos sobre la tierra como figuras de un gran cuento –prosiguió-. Nos saludamos y nos sonreímos. Es como si dijéramos: Hola, ¡vivimos juntos y en el mismo momento! Estamos dentro de la misma realidad, o del mismo cuento... ¿No te parece increíble? Vivimos juntos en un planeta del universo. Pero pronto nos sacarán de la pista. Por arte de birlibirloque, habremos desaparecido.
Si hubiéramos vivido en otro siglo –continuó- habríamos compartido la vida con otras personas. Ahora nos limitamos a sonreír y saludar a miles de contemporáneos: ¡Hola! ¡Qué extraño que nos haya tocado vivir en la misma época! Quizá tropiece con una persona, abra una puerta y grite hacia dentro: ¡Hola, alma!
Vivimos, ¿oyes? Pero sólo vivimos exactamente ahora. Abrimos los brazos y decimos que existimos. Pero se nos aparta y se nos mete dentro del oscuro saco de la historia. Porque somos de una vez, de usar y tirar. Participamos en un eterno baile de disfraces, en el que las máscaras van y vienen, hoy por mí, mañana por ti, el viejo desaparece de la fila...
-¿Crees que hay algo que no se borre en el gran cajón de arena?
-Aquí –dijo señalando su propia cabeza-. Aquí hay algo que no se borra.
-El pensamiento no fluye. Sólo he recitado el primer verso, ¿sabes? Los filósofos de Atenas opinaron también que hay algo que no se borra. Platón lo llamó “el mundo de las ideas”. Porque lo más importante no es ese castillo de arena, lo más importante es la imagen del castillo de arena que el niño tenía en mente antes de empezar a construirlo. ¿Por qué crees, si no, que el niño lo aplasta en cuanto acaba de hacerlo?
-¿Nunca has querido dibujar o hacer algo que no has conseguido del todo? Lo intentas una y otra vez, pero no te resignas nunca. Es porque la imagen que tienes en tu interior, es siempre más perfecta que las copias que intentas hacer con tus manos. Así ocurre con todo lo que nos rodea. Llevamos dentro la idea de que todo lo que vemos a nuestro alrededor podría ser mejor. ¿Y sabes por qué?
-Porque todas las imágenes que llevamos dentro son algo que traemos del mundo de las ideas. Allí es adonde realmente pertenecemos, ¿sabes?, y no aquí, a este cajón de arena donde el tiempo intenta acabar con todo lo que amamos y apreciamos.
-¿Entonces existe otro mundo, quieres decir?
Mi viejo asintió con cara de misterio.
-Allí estuvo nuestra alama antes de entrar en nuestro cuerpo. Y a allí regresará cuando el cuerpo se rinda ante los efectos devastadores del tiempo.
-Eso pensaba Platón. A nuestros cuerpos les pasará lo mismo que a los castillos de arena, eso no tiene remedio. Pero tenemos algo dentro que el tiempo no logra corroer, porque, en realidad, no pertenece a este mundo. Hay que levantar la vista por encima de todo lo que flota a nuestro alrededor. Hay que ver aquello de lo que todo lo que nos rodea es una simple imitación.
Este libro me está rallando demasiado la cabeza y haciéndome pensar... y eso no es bueno xD
No hay comentarios.:
Publicar un comentario